mi autobigrafia
Mi nombre es Dilan Jhair Coque Lara, nací el 21 de Enero del 2003 en la ciudad de
Quito.
Mis padres son Giovanni Coque y Jenny Lara.
Tengo 12 años soy hijo único, estudió en la
UNIDAD
EDUCATIVA Municipal “EUGENIO ESPEJO” estoy en séptimo “A”.
La
asignatura que me gusta es cultura física porque disfruto del deporte. Mi color
favorito
es el
color azul marino. Mi pasatiempo favorito es jugar fútbol y video juegos.
El gallo de la catedral
Había una vez un hombre muy rico que vivía como
rey. Muy temprano en la mañana comía el desayuno. Después dormía la siesta.
Luego, almorzaba y, a la tarde, oloroso a perfume, salía a la calle. Bajaba a
la Plaza Grande. Se paraba delante del gallo de la
Catedral y burlándose le decía:
¡Qué gallito! ¡Qué disparate de gallo!
Luego, don Ramón caminaba por la bajada de Santa Catalina. Entraba en la tienda de la señora Mariana a tomar unas mistelas.
Allí se quedaba hasta la noche. Al regresar a su casa, don Ramón ya estaba coloradito.
Entonces, frente a la Catedral, gritaba:
Para mí no hay gallos que valgan! ¡Ni el gallo de la Catedral!
Don Ramón se creía el mejor gallo del mundo! Una vez al pasar, volvió a desafiar al gallo:
¡Qué tontería de gallo! ¡No hago caso ni al gallo de la Catedral!
En ese momento, don Ramón sintió que una espuela enorme le rasgaba las piernas. Cayó herido.
El gallo lo sujetaba y no le permitía moverse. Una voz le dijo:
Prométeme que no volverás a tomar mistelas!
Ni siquiera tomaré agua!
Prométeme que nunca jamás volverás a insultarme!
Ni siquiera te nombraré!
Levántate, hombre! ¡Pobre de ti si no cumples tu palabra de honor!
Gracias por tu perdón gallito.
¡Qué gallito! ¡Qué disparate de gallo!
Luego, don Ramón caminaba por la bajada de Santa Catalina. Entraba en la tienda de la señora Mariana a tomar unas mistelas.
Allí se quedaba hasta la noche. Al regresar a su casa, don Ramón ya estaba coloradito.
Entonces, frente a la Catedral, gritaba:
Para mí no hay gallos que valgan! ¡Ni el gallo de la Catedral!
Don Ramón se creía el mejor gallo del mundo! Una vez al pasar, volvió a desafiar al gallo:
¡Qué tontería de gallo! ¡No hago caso ni al gallo de la Catedral!
En ese momento, don Ramón sintió que una espuela enorme le rasgaba las piernas. Cayó herido.
El gallo lo sujetaba y no le permitía moverse. Una voz le dijo:
Prométeme que no volverás a tomar mistelas!
Ni siquiera tomaré agua!
Prométeme que nunca jamás volverás a insultarme!
Ni siquiera te nombraré!
Levántate, hombre! ¡Pobre de ti si no cumples tu palabra de honor!
Gracias por tu perdón gallito.
Los arboles brillan como los rayos del sol
son lo mismo, Agua y sal
El mar se muere en la orilla
la lágrima en tu mejilla.
El mar se muere en la orilla
la lágrima en tu mejilla.
El ave canta en su nido
y su canto alegra el alma
La madre al hijo querido
lo arrulla en la noche calma.
El viento borra las huellas
de tus pasos en la arena
El viento mueve las nubes
que ocultan las estrellas.

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